Paz y diversidad funcional

Entrevista com Soledad Arnau Ripollés, especialista em Filosofia para a Paz, Filosofia Feminista e Filosofia de Vida Independente. Pesquisadora do Departamento de Filosofia e Filosofia Moral e Política pela UNED - Universidade Livre a Distância, da Espanha, realizada em 27/04/2011.


¿Cómo definiría hoy el trabajo que se realiza en favor de una Cultura de Paz?

Sin lugar a dudas, todo aquello que contribuye a la constitución y/o consolidación de una auténtica y verdadera Cultura de Paz, merece nuestro mayor reconocimiento y, en principio, creo que debemos entender que es bueno. Como diría Kant, “es condición necesaria pero no suficiente”. En nuestro imaginario socio-político y cultural disponemos de importantes referentes en el ámbito de la búsqueda por alcanzar la paz, tanto a nivel macro como a nivel micro. Aun así, y desde mi trabajo habitual como Investigadora de la Filosofía para la Paz, entiendo que existen grandes desigualdades socio-políticas y económicas, así como culturales y educativas, entre las distintas diversidades humanas. Por ello mismo, está claro que los distintos caminos que hemos labrado, y que seguimos trabajándolos, pueden ser “buenos” (¿necesarios?), pero lo que sí son “insuficientes”.

Mundialmente, sin ir más lejos, y a modo de ejemplo, todo el trabajo llevado a cabo por lo que conocemos como los Estudios para la Paz, o la Investigación para la Paz, han dejado “en los márgenes” la realidad humana específica de la diversidad funcional (o más conocida como “discapacidad” o “dependencia”). Con lo cual, no sólo tenemos que seguir trabajando en las líneas ya establecidas en busca de la Paz, sino que tenemos que encontrar “otros caminos” que reconduzcan el sentido pacifista de lo que estamos haciendo hoy en día.

¿En qué estado estamos?
Los profesionales/investigadores que nos dedicamos a trabajar por la Paz sabemos que no siempre es fácil realizar tareas en este sentido. Sin embargo, ahí está nuestro gran desafío, y sobre todo, no sólo trabajar por obtener una Cultura de Paz, si no, más bien, por lo que debemos realizar esfuerzos son por “trabajar desde” la Paz. Ahora mismo, y en lo que concierne a la realidad humana específica de la diversidad funcional es un momento verdaderamente importante. A finales del 2006, Naciones Unidas ha reconocido la necesidad de constituir una Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con discapacidad (diversidad funcional), que sirva como referente para desarrollar todo tipo de legislaciones y/o políticas, donde la perspectiva social y de vida independiente serán la base. Por eso mismo, desde el Instituto de Paz, Derechos Humanos y Vida Independiente (IPADEVI) que presido, tenemos muy claro que una de las formas de conseguir una auténtica Cultura de Paz es, mediante la constitución y consolidación de una «Cultura de Vida Independiente».

La Cultura de Paz debe ser emancipadora y, para poder ser “sostenible en el tiempo”, de manera imprescindible, debe partir, y guiarse constantemente, por una «Cultura de Derechos Humanos» (de entre ellos, el derecho humano a vivir de manera independiente. Art. 19. Convención Internacional. ONU). Por todo ello, la Cultura de Paz debe incorporar en sus discursos y sus prácticas, muy en especial, todas aquellas voces “silenciadas” por las posturas dominantes. Estas voces, distintas y, en ocasiones, distantes, suelen provenir, precisamente, de grupos humanos sociales que no terminan de encajar, por sus especificidades humanas (sus diversidades humanas, mejor dicho), en lo estrictamente más estándar o normativo…

A modo de ejemplo, tenemos las aportaciones de los distintos feminismos han contribuido a la paz (de hecho, existe una línea de trabajo muy interesante en torno a el encuentro y aproximación que podemos establecer entre el Movimiento Feminista y el Movimiento Pacifista). Así también, debe ocurrir entre el Movimiento mundial de Vida Independiente y el Movimiento Pacifista. A ello se dedica, fundamentalmente, IPADEVI.

¿Cuáles son las asignaturas pendientes que tiene la sociedad en esta materia?
Para empezar, debemos trabajar conjuntamente, desde ámbitos del propio Estado hasta la Sociedad Civil, por la erradicación definitiva de la Cultura Minusvalidista (Cultura de Violencia) que azota históricamente a través de múltiples formas de discriminación/vulneración y/o violación de los Derechos Humanos de muchas mujeres y hombres, en este caso, con todo tipo/grado de diversidad funcional. Como la UNESCO reconoce, una de los más excelentes instrumentos de que disponemos para cimentar una Cultura de Paz es, sin lugar a dudas, mediante una Educación para la Paz; o, mejor dicho, desde una Filosofía (de la Educación) para la Paz. Así también, la UNESCO ha desarrollado una línea de trabajo interesante sobre lo que denomina como “Educación Inclusiva”, la cual, se fundamenta en el trabajo por una integración y normalización, dentro del ámbito educativo, de las personas con diversidad funcional en el espacio ordinario educativo y académico, siempre que sea posible. ¡Bien! Así lo hemos hecho hasta ahora. Sin embargo, creo que es necesario reconceptualizar el concepto de “educación”…, puesto que la educación, o es para todas y todos, y sin distinción alguna, o no es una verdadera EDUCACIÓN.

Al hilo de todo esto, creo que debemos incorporar toda esa filosofía que se constituye como una “Pedagogía Crítica (o, emancipadora)” (Paulo Freire, Henry Giroux o Peter McLaren), cuando se trata, también, de la realidad humana específica de la diversidad funcional. La inclusión, debe fundamentarse en ella, y, para ello, a su vez reconceptualizarse, por tanto. Por ello, va a tener que sufrir un proceso de transformación conceptual y metodológica que abandone los cimientos de donde surge la “educación especial”, ya que, esta última, nace asimismo de esa cultura minusvalidista, antes mencionada.

La «Cultura de Vida Independiente», que se basa en el empoderamiento del grupo social de mujeres y hombres con todo tipo/grado de diversidad funcional, a través del reconocimiento de sus distintas capacidades; y, la «Cultura de Derechos Humanos», que se basa en el reconocimiento de la dignidad inherente de toda persona, y sin discriminación alguna, así como de su condición de ciudadanía plena, son dos ámbitos educativo-pedagógicos, y filosóficos, imprescindibles para lograr dicha Cultura de Paz. Desde el IPADEVI, entiendo que deben abrirse nuevas vías de investigación-acción en las que poder ir transformando (“de-construyendo” para ir “reconstruyendo”) todas aquellas estructuras de poder, que perpetúan desigualdades, y así poder crear nuevos espacios de igualdad.

¿Qué es el Instituto de Paz, derechos humanos y vida independiente?
El Instituto de Paz, Derechos Humanos y Vida Independiente (IPADEVI), nace a mediados de 2009 en forma de Área de Trabajo: “Cultura de Paz, Derechos Humanos y Vida Independiente” del Centro UNESCO de la Comunidad de Madrid. Sin embargo, y dada su trascendencia estatal e internacional, a finales de 2010, se constituye en un Instituto propio e independiente. Por tanto, IPADEVI es la entidad que lidera un Proyecto internacional en el que, por primera vez, y dentro del campo de la Paz, convierte en protagonistas a las personas que se encuentran en circunstancias de diversidad funcional, y a sus Derechos Humanos (Convención Internacional. ONU, diciembre de 2006). Al mismo tiempo, IPADEVI identifica al Movimiento mundial de Vida Independiente (Independent Living Movement) como un nuevo Movimiento Activo NoViolento, y a sus Activistas (Ed Roberts, Judy Heummann, John Evans, Bente Skangard, Adolf Ratzka, Manuel Lobato, Javier Romañach…) en Constructoras y Constructores de Paz.

IPADEVI ha constituido un grupo de trabajo internacional y, en diciembre de 2010, dentro del Foro Mundial de Educación, en Santiago de Compostela (España), ha presentado lo que se conoce como: Declaración mundial de Compostela 2010 sobre la Contribución de las personas con diversidad funcional (discapacidad) a una Cultura de Paz.

La Carta de la Paz dirigida a la ONU señala en su punto que IX que “es evidente que no se podrá construir la paz global mientras en el seno de la sociedad e incluso dentro de las familias, exista menosprecio hacia más de la mitad de sus integrantes: mujeres, niños, ancianos y grupos marginados. Por el contrario, favorecerá llegar a la paz el reconocimiento y respeto de la dignidad y derechos de todos ellos”. ¿Cuáles son los inconvenientes que hoy sufren las personas con diversidad funcional?

Totalmente de acuerdo con la Carta de la Paz dirigida a la ONU. De hecho, la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), reconocen que se debe intervenir activamente para la consecución de una Cultura de Paz, inclusiva y para Todas y Todos. En la Resolución A/53/243 de la Declaración sobre una Cultura de Paz (ONU, 13 de septiembre de 1999), se hace mención específica a la necesidad urgente de buscar múltiples estrategias y/o recursos que ayuden a eliminar todas aquellas formas de discriminación e intolerancia que se puedan establecer contra los seres humanos con diversidad funcional.

El principal inconveniente que sufre de manera permanente el colectivo de mujeres y hombres con todo tipo/grado de diversidad funcional, es, tal y como ya he indicado más arriba, el mantenimiento de la Cultura Minusvalidista, y su modelo Minusvalidista-opresor dominante. Todo ello, sin ningún género de dudas, es Cultura de Violencia, y, por tanto, todas las legislaciones y políticas que se generan en torno a este punto de vista, lo que hace, en definitiva, es perpetuar a través de múltiples formas de discriminación/vulneración y/o violación de los Derechos Humanos de este grupo humano.

También la Carta de la Paz hace referencia a la sorpresa de existir (Punto IV), pudiendo no haberlo sido, y esta evidencia impulsa a trabajar por la paz. ¿Cómo viven este punto las personas con diversidad funcional?

Esta pregunta es muy oportuna para el momento actual que estamos atravesando. En estos últimos años, se está trabajando para abrir una nueva línea de investigación-acción, que me gusta denominar como: «Bioética de la diversidad funcional».

Tanto a nivel internacional (Gregor Wolbring, Tom Shakespeare…) como a nivel nacional (Javier Romañach, Francisco Guzmán, Mario Toboso…), se está viendo que los discursos hegemónicos de la bioética, también están cargados de prejuicios cuando se trata de la realidad humana específica de la diversidad funcional. De ahí que, si no se reorienta esta disciplina, puede llegar a hacer resurgir los viejos Modelos de prescindencia (en especial, el submodelo eugenésico) o el modelo médico-rehabilitador.

Todo ello, es contrario a la perspectiva que ofrece Naciones Unidas en la convención internacional aprobada en diciembre de 2006. Y, por supuesto, puede convertirse en un verdadero retroceso epistemológico y conceptual sobre esta condición humana específica.

Por tanto, las voces de la bioética de la diversidad funcional deben formar parte de todo aquello que tiene que ver con los debates bioéticos contemporáneos. Y, participar activamente como miembros en los Comités de Bioética.

A modo de ejemplo, cabe destacar que el Hospital Nacional de Parapléjicos (Toledo) dispone de un Comité de Ética Asistencial, del que tengo la suerte de ser miembro.

¿Puede ser real una verdadera alegría por existir, más allá de algún problema físico que a veces me haga pensar lo contrario?
Creo que es fundamental mantener la cabeza muy alta, y no desfallecer jamás, puesto que, efectivamente, la existencia es uno de los regalos mayores que puede disponer un ser humano.

La realidad humana específica de la diversidad funcional, en sí, no es ni buena ni mala… Simplemente, es una condición más de la vida misma. Y que, por supuesto, aporta su riqueza.

Existir es hermoso, pero debemos exigir “existir” con dignidad y, sin motivo de discriminación alguno. Ahí es donde está la diferencia… El problema no es estrictamente físico o biológico (perspectiva que provendría del modelo médico-rehabilitador), sino que el problema se encuentra en la incapacidad de las estructuras políticas, económicas, educativas y culturales, para acoger de manera sana y armoniosa a las posibles diversidades humanas con las que nos encontremos (de entre ellas, la diversidad funcional…).

Hace unos años atrás hemos conocido públicamente, y a través de la película “mar adentro”, la historia del gallego con tetraplejia que quiso finalizar su vida. A modo de ejemplo, no voy a emitir ningún juicio a favor ni en contra del deseo de suicidio, a nivel individual, sin embargo… entiendo perfectamente que lo que no se puede consentir es que se esté luchando para que alguien muera, sin ofrecerle alternativas viables y eficaces que le permitan encontrarse en una verdadera igualdad de oportunidades con la demás ciudadanía.

Un tanto absurdamente, la sociedad parece “entender” que si yo deseo morir, debe ser algo “lógico”, puesto que soy un ser humano sufriente por mi condición de diversidad funcional; ahora bien, lamentablemente es un error bastante común en la comprensión global de las situaciones. Pocas son las personas, instituciones, estructuras… que se solidarizan, porque entienden, que alguien de manera individual y/o colectiva desee vivir con todas sus fuerzas, desde el más profundo respeto a sus diferencias, y en plena dignidad.

Reflexiones, sin lugar a dudas, que nos hacen cuestionar muchos “sentidos comunes”, y si realmente se aproximan a una cultura de paz o, por el contrario, a una cultura de violencia.

¿Es una utopía pensar en que una sociedad pueda vivir en paz?
No, no lo creo, sinceramente. Estoy plenamente convencida de que podemos cambiar las cosas, si nos lo proponemos y, si existen voluntades para ello. Si todo lo que conforma nuestras realidades es, a fin de cuentas, construcción social, también debe serlo cuando se trata de mejorar nuestra condición humana. Las personas con o sin diversidad funcional, o con otras diversidades humanas, debemos formar parte de las sociedades actuales. El desafío es lograr que todas y todos seamos ciudadanas y ciudadanos de primera.

Algunos grupos sociales, de entre ellos, las personas con diversidad funcional, nos encontramos en contextos específicos de especial marginación o discriminación sistemática, contra nuestras realidades y/o, incluso, contra nuestras propias vidas.

En definitiva, debemos tomar en serio la búsqueda y, sobre todo, el alcance y mantenimiento de una auténtica y verdadera cultura de paz. Una cultura de paz que tenga como referente distintas filosofías de emancipación (de entre ellas, la filosofía mundial del movimiento de vida independiente de las personas con diversidad funcional).

Inicialmente, el logro mayor en una cultura de paz, era la “ausencia de guerra”. Sin embargo, esta cultura pacifista debe ir mucho más allá, porque, de lo contrario, las relaciones asimétricas de poder “en tiempos de paz” se siguen dando.

En ello estamos. Haciendo camino hacia una Cultura de Paz mediante la consecución de una Cultura de Vida Independiente y de Derechos Humanos.

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